El peligro de juzgar el pasado con ojos del presente: La instrumentalización de la historia

Documento de Celanova de 1061 pacto entre Pedro y Muño

¿Es lícito utilizar acontecimientos de hace mil años para legitimar debates políticos y sociales de hoy en día? En la era de la polarización digital, la instrumentalización de la historia se ha convertido en una herramienta habitual. Con frecuencia, dinámicas complejas del pasado se simplifican o se sacan de contexto para construir relatos contemporáneos.

Un caso paradigmático que resurge con fuerza cada cierto tiempo en los medios y las redes sociales es el de la unión de Pedro Díaz y Muño Vandilaz en la Galicia del siglo XI, bautizado por muchos como «el primer matrimonio homosexual de la historia de España».

¿Qué hay de real y qué hay de relato en esta afirmación? Analizamos este caso para entender cómo se puede deformar la realidad histórica cuando se busca un fin ajeno a la propia investigación.

¿Qué ocurrió realmente en Rairiz de Veiga en 1061?

Para evitar caer en el presentismo, el primer paso de cualquier análisis riguroso es acudir a las fuentes. El documento original existe: es un pergamino del año 1061 procedente del Monasterio de Celanova y custodiado en el Archivo Histórico Nacional.

En él, dos hombres llamados Pedro y Muño formalizan ante un clérigo un pacto legal. En el texto se prometen ser «amicos bonos cum fide et veritate» (buenos amigos con fe y verdad) y se comprometen a compartir su casa, su vestimenta, su comida y a heredar el uno del otro. Además, juran tener las mismas amistades y enemistades para siempre.

Desde el punto de vista documental, el hallazgo —difundido a principios del siglo XXI por investigadores como el filólogo Carlos Callón— es extraordinario. Nos muestra las herramientas legales que existían en la Edad Media para regular la convivencia. Sin embargo, la controversia no radica en el qué, sino en el cómo se interpreta.

El anacronismo como herramienta narrativa

El principal problema metodológico al abordar esta noticia es el anacronismo histórico: aplicar conceptos, valores y etiquetas actuales a sociedades que se regían por códigos completamente distintos.

Hablar de «matrimonio homosexual» o de «colectivo LGTBI» en el año 1061 es una proyección hacia el pasado. En la Alta Edad Media, la Iglesia católica ni siquiera había asentado el matrimonio heterosexual como el sacramento que conocemos hoy (un proceso que se consolidaría en el siglo XIII, vinculándolo estrictamente a la procreación).

La «Adelfopoiesis» y los pactos de supervivencia

La historiografía medievalista enmarca este contrato en figuras conocidas como la adelfopoiesis (hermanamiento) o la fraternitas iurata. En una sociedad rural e inestable, estos pactos tenían una función eminentemente práctica:

  • Protección económica: Dos hombres solteros unían sus patrimonios, tierras y herramientas para garantizar la subsistencia.
  • Seguridad jurídica: En un sistema feudal, asegurar que tu compañero heredase tus bienes evitaba que las tierras revirtieran al señor feudal o a la Corona en caso de fallecimiento.
  • Defensa mutua: El compromiso de «compartir amigos y enemigos» era una alianza militar y vecinal de primer orden.

Atribuir a este contrato una naturaleza romántica o sexual es una hipótesis imposible de demostrar mil años después. Reducirlo estrictamente a eso invisibiliza el verdadero tejido social, legal y de supervivencia de la Europa medieval.

Por qué interesa instrumentalizar la historia

La manipulación o reinterpretación interesada del pasado no es un fenómeno nuevo, pero se ha intensificado con la búsqueda de clics y la polarización política. ¿Por qué se instrumentalizan casos como el de Celanova?

  1. La búsqueda de legitimidad histórica: Los movimientos sociales y políticos de cualquier signo tienden a buscar «antecedentes» en el pasado para demostrar que sus reivindicaciones no son caprichos modernos, sino realidades arraigadas en la historia.
  2. Titulares de impacto (Clickbait): En el ecosistema digital, el titular «El primer matrimonio homosexual de España fue en el siglo XI» genera muchísimo más tráfico y conversación que «Análisis de un pacto de fraternidad jurada en la Galicia medieval».
  3. Guerra cultural: El pasado se convierte en un campo de batalla. Para unos, este documento es la prueba de una supuesta tolerancia medieval perdida; para otros, una interpretación forzada que atenta contra las instituciones tradicionales. El matiz histórico se pierde en favor de la trinchera ideológica.

El papel de la divulgación en tiempos de polarización

El debate en torno a Pedro y Muño nos recuerda que la labor de quien divulga historia no es dar respuestas cómodas que encajen en la agenda del presente, sino aportar el contexto necesario para comprender la complejidad de quienes nos precedieron.

La historia no debe ser utilizada como un espejo donde buscar la validación de nuestras certezas actuales, sino como un mapa para entender cómo cambian las sociedades. Reconocer el valor legal y social del documento de 1061 sin necesidad de etiquetarlo con conceptos del siglo XXI es el único camino para respetar, de verdad, el pasado.

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